Oscars 2017/Premios

Oscars 2017: Análisis de las aspirantes

OSCARS 2017 | “Comerciales, aburridos, faltos de diversidad, comprados, egocéntricos, previsibles”, oirás en algunas de las crónicas. “Cada año peor!”, dirá el gafapasta de turno, reivindicando tiempos pretéritos en los que se premiaba “cine de verdad”. “Casablanca, eso sí era una película”, añadirá. “Yo de los Oscars paso, son pura maniobra comercial”, sentenciará su cuñado. Pues sí. Y qué. Son la maniobra comercial más disfrutable que existe en el mundo del cine, un escaparate imprescindible que conecta al gran público con cine de calidad. Son, como todos los premios, parciales y discutibles, pero cumplen su función de celebrar (algunas de) las mejores cintas americanas del año y suponen un revulsivo para la taquilla. Y además nos encantan, aunque alimenten el ego de Iñárritu. Por eso, un año más, me lanzo con el análisis de las principales aspirantes a alzarse con el premio a la mejor película. Estos son, ordenados en base a mi preferencia personal, los nueve largometrajes que compiten por la estatuilla de esta 89 edición de los Premios Oscar:

9. Hasta el último hombre, de Mel Gibson
Toda ceremonia de los Oscar, para conservar cierta emoción, necesita de una película que poder jeitear a placer, y el amigo Mel Gibson ha aterrizado en esta edición dispuesto a cumplir ese honorable papel. Hasta el último hombre tiene media hora de cine bélico de primer nivel, pero esa es la única razón que encuentro para justificar su presencia en las dos categorías reinas, película y director. Lo demás, y haciendo un esfuerzo por dejar a un lado los prejuicios ideológicos (que no son pocos), es narrativa plana y mucha brocha gorda emocional. Del flashback intensito que subraya el rechazo a la violencia de su protagonista (trauma de infancia, lo pillo Mel), a la caricatura que resultan muchos de los personajes secundarios (mandos del ejército a la cabeza), todo me chirría a unos niveles pocas veces alcanzados por una nominada al Oscar. Que sí, que el tramo puramente bélico está rodado con ritmo y técnica, e incluso compro que Andrew Garfield tiene bien merecida la nominación a mejor actor. Pero eso no consigue que olvides la hora y media de panfleto y sensiblería barata que te has tenido que tragar. Estamos, supongo, ante la heredera natural del fenómeno American Sniper (Clint Eastwood, 2014) en la ceremonia de hace dos años. Esperemos que ambas corran la misma suerte.

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8. Fences, de Denzel Washington
La historia del cine reciente demuestra que se pueden adaptar grandísimas obras de teatro y convertirlas en películas excepcionales: La duda (John Patrick Shanley, 2008), Un dios salvaje (Roman Polanski, 2011), En la casa (François Ozon, 2012) o incluso Agosto (John Wells, 2013) son ejemplos de cómo, con mayor o menor grado de teatralidad, es posible respetar el material original al tiempo que se explotan todas las posibilidades que ofrece el medio cinematográfico. Pues bien, este no es el caso de Fences: aquí el traspaso del escenario a la pantalla se limita a aprovechar la calidad del texto de August Wilson como vehículo de lucimiento para un cast en estado de gracia. Sí, los diálogos son muy buenos, y sí, la dupla Denzel Washington-Viola Davis se marca un recital, pero eso no es suficiente para sostener lo casi 140 minutos que dura la película. Llegas a percibir que lo que te están contando podría haber sido una gran cinta, pero una narración torpe y nada cinematográfica echa por tierra las posibilidades de que llegue a serlo. Fences es una olvidable nominada al Oscar que sólo recordaremos por un motivo: haber permitido que la gran Viola Davis se lleve, por fin, un Oscar a casa.

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7. Lion, de Garth Davis
Y cerramos el trío de las cintas que no merecen un puesto en esta categoría con Lion, la apuesta de los Weinstein para esta temporada de premios. Sin ser tan desdeñable como las candidatas de los puestos anteriores, tiene muchos problemas que lastran sus opciones de premio. Principalmente, la forma en que está concebida/estructurada: la primera hora es un eterno prólogo que, pese a estar rodado con una calidad innegable, aporta muy poco al verdadero conflicto de la película, el del personaje en su edad adulta (interpretado por Dev Patel). Y lo que es peor, el tiempo invertido en esa primera parte es tiempo que se echa en falta a la hora de desarrollar las distintas tramas de la segunda mitad, quedando muchas de ellas cojas o superficiales. Pero al César lo que es del César: la historia es atractiva, está dirigida con solvencia, la banda sonora es memorable y Patel-Kidman merecen la nominación que han conseguido. Y además, Lion te dará exactamente lo que estás esperando: una lacrimógena y emotiva historia de superación, con un epílogo catártico que hará llorar hasta al más insensible. Para domingo por la tarde, muy bien; para llevarse el Oscar no tiene el nivel.

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6. Figuras ocultas, de Theodore Melfi
Una de las sorpresas de la temporada, y por otro lado uno de los films con un perfil más oscarizable. Figuras Ocultas es todo lo que esperarías de un vehículo diseñado para triunfar en la carrera hacia el Oscar: una historia atractiva enmarcada en una narrativa muy convencional, que evita tomar cualquier riesgo innecesario y que, en sí, no aporta nada diferente. Nada nuevo bajo el Sol. Pero sería un error pensar que hacer una película así es fácil. Pese a lo edulcorado y previsible de la propuesta, conseguir una cinta que funcione tan bien es una tarea mucho más compleja de lo que parece. La cosecha de cada año está llena de películas que lo intentaron y fracasaron en el intento (Florence Foster Jenkings o A United Kingdom, por ejemplo). Pero Melfi demuestra, como ya hacía en su anterior obra (St. Vincent), una enorme capacidad para tomarle la medida a su film, y le imprime el tono exacto que éste necesita: dramático pero amable, sin perder nunca de vista el objetivo de agradar al espectador. Figuras Ocultas es, como ya han dicho muchos críticos, la Criadas y Señoras de este año: una película con ritmo, carisma y mensaje, ante cuyos encantos no puedes evitar derretirte. (Crítica completa: Figuras Ocultas)

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5. La llegada, de Denis Villeneuve
Ya era hora de que la Academia reivindicara la figura de Denis Villeneuve: tras las notables Incendies (2010), Prisoners (2013) y Sicario (2015), el cineasta canadiense da un nuevo puñetazo en la mesa (y ya van, por lo menos, cuatro) reclamando el lugar que merece como referente ineludible del cine de los últimos años. Villeneuve explora aquí debates de profundo calado. Cómo el lenguaje puede (o no) influir en la forma en que concebimos la realidad, y resultar una herramienta fundamental en la comunicación. Cómo nuestra forma de actuar está definida por la manera en que percibidos el tiempo; cómo, si esta percepción varía (de lo lineal a lo simultáneo), las motivaciones que guían nuestra vida pueden verse desde una nueva perspectiva. Cómo, en definitiva, lo que nos hace humanos resulta decisivo en la construcción de nuestra identidad, aunque no seamos conscientes de ello. Y lo hace, además, con una habilidad técnica y una sutileza narrativa envidiable, que explota sobre todo en el último tercio del relato. Es la película del año para buena parte de la crítica y el público, y aunque a mí no me entusiasma al mismo nivel, aplaudo su presencia en nada menos que ocho categorías de estos Oscar. Esperemos que no se vaya de vacío. (Crítica completa: La llegada)

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4. Comancheria, de David Mackenzie
Es la candidata que nadie esperaba. Si bien su estreno en el pasado Festival de Cannes fue acogido con críticas muy positivas, pocos la situaban a priori como una cinta oscarizable: un neo-western demasiado oscuro, demasiado violento para el gusto de los académicos (pese al precedente de No es país para viejos). Pero tras un paso muy sólido por la temporada de premios, aquí está. Y por méritos propios. El film de David Mackenzie ha logrado algo muy complejo: capturar el clima social de la América post-crisis a través de una historia narrada con fuerza, ritmo y mucha personalidad. Comanchería funciona como trepidante road movie de ladrones en fuga, al tiempo que reflexiona sobre la crispación de la sociedad americana. Un sentimiento que ha llevado, por qué no decirlo, a la elección de Trump como presidente. Es ahí donde la película tiene su mejor baza para ganar: quizás es la candidata que mejor refleja el momento histórico que está viviendo Estados Unidos. Me temo, sin embargo, que eso no será suficiente. Sus opciones reales de premio son muy escasas, y salvo que Jeff Bridges dé la sorpresa, las nominaciones en este caso ya son el premio. Yo le doy desde aquí mi reconocimiento particular: su escena final es uno de los momentos más potentes del cine de 2017. No os la perdáis.

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3. Moonlight, de Barry Jenkins
En el momento social y político que vive Estados Unidos, nunca está de más que la Academia celebre un film sobre un joven afroamericano y homosexual: la valentía de su director y guionista, Barry Jenkins, al poner sobre la mesa esta historia es digna de admirar. Y sin embargo, Moonlight es un film que trasciende las etiquetas que a priori se le asignan. No se trata de la típica historia que puedes llegar a imaginar, la del pobre niño gay que se enfrenta a una sociedad que no le comprende, y consigue superar sus complejos y los de los que le rodean. Todo en Moonlight es más complejo, profundo y real que eso. Jenkins construye un bellísimo coming of age en el que priman, ante todo, la sensibilidad hacia todo lo que cuenta, y la delicadeza en la elección de cada una de sus imágenes. Su propuesta visual es a la vez poderosa y minimalista, prestando atención a cada detalle y explotando el poder de la imagen como vehículo narrativo, quizás como ninguna de las demás nominadas. Una mano rozando la arena, un niño frente a la inmensidad del mar… Barry Jenkins sabe sacar partido a cada fotograma, y ese talento le augura un futuro más que prometedor en la carrera que construya de aquí en adelante. (Crítica completa: Moonlight)

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2. Manchester by the Sea, de Kenneth Lonergan
Manchester by the Sea ocupa el segundo puesto de este ranking, pero bien podría compartir el primer puesto con La La Land: me costaría mucho elegir entre una y otra (junto a Moonlight, forman un trío de candidatas a un nivel altísimo). La cinta de Kenneth Lonergan es, a mi entender, la más humana de las nominadas. Una película sobre la pérdida y el duelo, sobre la dificultad de seguir adelante, en la que personajes complejos e imperfectos tienen que hacer frente a uno de los tragos más difíciles de la vida. Lo fascinante de Manchester es la aproximación que Lonergan, a través de un guión y una dirección excelentes, adopta hacia los conflictos de su relato: el cineasta es capaz de captar tanto el sufrimiento y el dolor, como la parte más bella y luminosa de sus personajes. La cinta te hiela la sangre, pero también te desarma con su humor, su sutileza y su ternura. Sus posibilidades de llevarse el premio a la mejor película son más bien escasas, pero en mejor actor y mejor guión original tiene dos bazas muy importantes para no irse a casa de vacío. Pero pase lo que pase el próximo domingo, Manchester by the Sea es una de las grandes cintas de este año. (Crítica en inglés: Manchester by the Sea).

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1. La La Land, de Damien Chazelle
La La Land, salvo sorpresa mayúscula, va a ser la gran triunfadora de esta edición de los Oscars.  Y no va a ganar porque Hollywood adore los musicales y les encante mirarse el ombligo, sino porque es una película mucho más compleja de lo que algunos han querido ver. La cinta funciona a muchos niveles: como historia de amor, como dignificación del arte, en su discurso sobre el éxito, y sobre todo funciona cuando combina todo ello: es en la colisión entre le vertiente emocional y la profesional de sus protagonistas cuando el film levanta definitivamente el vuelo. La La Land es, en muchos aspectos, la película de madurez de Damien Chazelle, en la que deja a un lado los golpes de efecto (tic de principiante) que dominaban Whiplash por una narrativa más humana y adulta: la cinta progresa, más allá del inmejorable envoltorio musical y visual, gracias al conflicto personal-profesional en el que asienta sus bases. Su inolvidable epílogo resume perfectamente lo que es la película: un ejercicio fílmico que nos invita a bailar, cantar y soñar; y que a su vez nos desarma con su nostalgia y su humanidad. Va ser la gran vencedora de estos premios, y yo lo disfrutaré como el que más. (Crítica completa: La La Land)

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0. Bonus track: las que debieron estar
El “lo que pudo haber sido” es una de las tradiciones de todos los premios cinematográficos, y siempre debe haber un espacio para recordar todas esas cintas que merecieron más atención durante la carrera y no la tuvieron. Así que no pierdo esta oportunidad para reivindicar algunas de las mejores películas estadounidenses del año, que bien podrían haber ocupado una plaza entre las candidatas al Oscar: Paterson, por transformar la vida en pura poesía; Nocturnal Animals, por repensar las nociones de éxito y masculinidad; Little Men, por saber capturar la pérdida de la inocencia; Jackie, por su reflexión en torno a la importancia de la ficción; y 20th Century Women, por recordarnos que familia sólo hay una.

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