Críticas/Estrenos

Crítica, ‘El renacido’

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Dirección: Alejandro G. Iñárritu
Guión: Mark L. Smith, Alejandro G. Iñárritu
Reparto: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck,Paul Anderson
País Estados Unidos
Duración: 156 minutos
Año:2015

Sinopsis: Año 1823. En las profundidades de la América salvaje, el explorador Hugh Glass (Leonardo DiCaprio) participa junto a su hijo mestizo Hawk en una expedición de tramperos que recolecta pieles.[Fuente: FilmAffinity]

Tenemos un problema, y se llama Alejandro González Iñárritu. El director mexicano con más ego del mundo lleva dos años siendo el protagonista absoluto del panorama cinematográfico estadounidense, y tras su éxito con Birdman en la pasada edición del Oscars, vuelve este 2016 con El renacido, cinta protagonizada por Leonardo DiCaprio, que le vuelve a situar en la carrera por los premios más importantes de la industria americana. El fenómeno se vuelve a repetir. Cada vez que el amigo Iñárritu abre la boca, es para autoerigirse como el director más valiente, prodigioso y necesario del cine mundial (“Yo he hecho una película en un solo plano secuencia”, “Yo he vivido el rodaje más difícil y en condiciones más extremas de los últimos tiempos”), y a uno le dan ganas de odiarle a él, a sus películas y a todo lo que las rodea. Y con estas expectativas acude uno a la sala, dispuesto y convencido de que, esta vez sí, su nuevo trabajo va a ser un mojón que criticar a placer. Me encantaría decir que El renacido lo es, pero sería faltar la verdad. Lo reconozco: Iñárritu me cae cada día peor, pero tiene una de las filmografías más interesantes de los últimos años, y se encuentra en un momento de forma envidiable.

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Fuera ya de todo prejuicio o consideración personal, El renacido supone un cambio de registro en la trayectoria del cineasta. Hasta ahora sus largometrajes, con mayor o menor éxito, eran aproximaciones a problemas de la sociedad contemporánea, fuese  la violencia en su país natal (Amores perros), la pérdida y la superación de los traumas (21 gramos), la desigualdad global (Babel), la enfermedad y la familia (Biutiful) o los deseos de trascender  en el mundo del arte (Birdman). En cambio, con su nueva cinta, Iñárritu cambia de marco temporal y se sumerge en la colonización del terreno salvaje americano en el siglo XIX. Alejado del contexto actual, el director articula la que es, paradójicamente, su película más sencilla. Y lo es porque, detrás de la brillantez visual que vuelve a demostrar (con la inestimable ayuda del “Chivo” Lubezki), y de lo ambicioso del proyecto técnica y logísticamente, los planteamientos temáticos son bastante claros: un relato de la lucha/convivencia del hombre con la naturaleza. Es decir, la cinta carece, en cierto modo, de la complejidad y las implicaciones de parte de su obra anterior, pero gana en fuerza como artefacto visual, siendo quizás la culminación del virtuosismo que ya demostraba en Birdman.

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No se debe confundir, en ningún caso, sencillez con vacuidad, crítica muy repetida por todos los detractores del film. Porque el aparato estético no es gratuito, y resulta fundamental para ambientar y dar veracidad a la historia que se cuenta. Porque además, el crudo retrato del conflicto entre nativos y colonos sí tiene un gran interés histórico. Y porque, más allá de la sencillez de la historia, la epopeya heroica del personaje, su lucha por la supervivencia, está narrada con garra y ritmo (aunque sobre metraje en más de las dos horas y media de duración). El error, a mi juicio, es querer compararla con la complejidad de Malick, al que se acerca estéticamente pero nunca a nivel conceptual. En este sentido, se pueden encontrar más paralelismos con obras recientes como Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) o La vida de Pi (Ang Lee, 2012) en las que en las que la premisa es similar: virtuosismo técnico para contar la historia de supervivencia de un personaje.

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En conclusión, es de justicia admitir, pese a la antipatía que el director nos pueda crear, que El renacido es una de las cintas más estimulantes de esta temporada de premios. Y en ello es pieza fundamental un elemento que hemos dejado para el final: el trabajo de un animal interpretativo como Leonardo DiCaprio, que parece estar más cerca que nunca de su esperado Oscar. No lo ganará por su mejor interpretación, pero sí por la más física y arriesgada de su carrera. Y aunque no sea un personaje especialmente rico en matices, es innegable que muy pocos actores serían capaces de darle vida de la forma en que DiCaprio lo consigue. El actor ganará su primer Oscar, y España (y el mundo entero) podrá respirar tranquila. Esperemos que sea su noche, pero no la de un Iñárritu al que un segundo premio consecutivo puede aupar a la cima del ego. El misterio se resolverá el próximo 28 de febrero.

Nota:
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