Opinión

Paulina y el cine incómodo

Desde que acabó mi aventura como jurado joven en el pasado Festival de San Sebastián, tengo una cuenta pendiente con este blog: escribir un artículo en condiciones sobre Paulina. Además de ser la mejor película que vi en el festival, haber ganado el Premio EZAE de la Juventud (el que yo votaba) y haberse llevado también el TVE Otra Mirada y el máximo galardón de la sección Horizontes Latinos, la he recomendado a tanta gente en tantísimas ocasiones que siento la necesidad de dedicarle (por fin, aunque sin spoilers) la atención y la profundidad que se merece. La cinta del cineasta argentino Santiago Mitre se ha estrenado esta semana en las carteleras españolas, así que ha llegado el momento de argumentar por qué Paulina es, a falta de los estrenos de diciembre, la mejor película del año.

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A lo largo del tiempo, vemos películas que nos entretienen y otras que nos aburren. Unas nos hacen reír y otras nos hacen llorar. Nos emocionan, nos irritan o nos conmueven, pero no suelen sacarnos de la zona de confort que habitamos como espectadores. Hay, sin embargo, un pequeño y selecto grupo de películas que consiguen algo mucho más difícil: nos incomodan. Hablo de un cine que nos sacude la conciencia y nos fuerza a despertar, que hace tambalearse los cimientos sobre los que construimos nuestra moralidad y nuestra concepción de la vida. Un cine polémico y arriesgado, doloroso y valiente, tan solo al alcance de maestros de la talla de Luis Buñuel (Los olvidados, 1950), Lars von Trier (Dogville, 2002) o Asghar Farhadi (A separation, 2011). Por su complejidad, su valentía y su vocación polémica, este es el tipo de cine en el que se enmarca Paulina.

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¿Qué hace de Paulina una película incómoda? En primer lugar, los espinosos temas que abarca. La cinta de Santiago Mitre, a través de una mirada inteligente, sutil y honesta, se atreve a poner en cuestión muchos de los principios que asumimos como inamovibles, de las relaciones de poder que rigen el orden social a la libertad individual de cada uno para tomar sus propias decisiones (hasta las últimas consecuencias). De todos estos cuestionamientos, hay uno que resulta central en la obra: la confrontación entre el camino de la legalidad y el camino de la justicia personal, que aunque parezca contradictorio, no siempre van de la mano. En la encrucijada entre lo justo y lo correcto (nunca lo bueno y lo malo) se encuentra la protagonista de la historia, una mujer sujeta a sus propias leyes morales que lucha por hacer prevalecer su derecho a decidir.

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Apoyarla en sus decisiones, sin embargo, no siempre va a ser fácil. Toda la narración de la cinta está organizada en torno a un interrogante (el gran interrogante: ¿qué harías tú de ser Paulina?), y en la manera en que se introduce al público en este dilema reside el éxito de la propuesta. El espectador, comprenda o no a Paulina, empatice o no con ella, se ve forzado a abandonar su actitud pasiva hacia la historia y a involucrarse de forma activa en ella. No tiene por qué tomar partido (aunque resulta difícil no hacerlo), pero el simple hecho de que se implique en la trama supone derrumbar sus asideros morales, sus ideas preconcebidas, y abrir su mente a todos los cuestionamientos que se han mencionado. Que una película sea capaz de llevarte a su terreno de esa forma, sin asomo de maniqueísmo, manipulación,  ni moralismo, requiere de una precisión narrativa y una maestría fuera de lo común. Apoyado en la brillante actuación de Dolores Fonzi, Santiago Mitre obra el milagro de introducirnos de lleno en el mundo de su protagonista, a la que no podremos abandonar hasta el final.

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Como las grandes películas de la historia del cine, Paulina cuestiona y pregunta, pero no da una única respuesta. Sugiere en lugar de imponer, nos invita a reflexionar. Aunque su temática sea arriesgada, y sus planteamientos controvertidos, es el espectador el que en última instancia ha de juzgar lo que ha visto, el que ha de responder a los interrogantes propuestos. La sensación final es la de haber sido sacudidos por un verdadero torbellino de sensaciones, por una cinta única en su especie. Una demoledora demostración de talento que te entretiene, te atrapa y sí, te incomoda. Viva el cine incómodo, y viva Paulina.

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2 pensamientos en “Paulina y el cine incómodo

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