Críticas/Estrenos

Crítica, ‘Mad Max: Furia en la carretera’

Mad_Max_Furia_en_la_carretera-429261909-largeDirección: George Miller
Guión: Nick Lathouris, Brendan McCarthy, George Miller
Reparto: Tom Hardy, Charlize Theron, Nicholas Hoult, Hugh Keays-Byrne, Angus Sampson, Rosie Huntington-Whiteley
País:  Australia
Año: 2015
Duración: 120 minutos

Sinopsis: Atormentado por su pasado, Mad Max cree que la mejor manera de sobrevivir es continuar solo. Sin embargo, se topará con un grupo de refugiados que recorre el país en un semirremolque transformado en vehículo de combate que conduce la Emperatriz Furiosa. [Fuente: Festival de Cannes]

Los prejuicios son inevitables. En la vida, en el arte, y por supuesto en el cine. A priori, una película que, ambientada en un futuro postapocalíptico, mezclaba coches, persecuciones, velocidad, armas, tiros y explosiones era, para muchos, un must-see señaladísimo en su calendario. Un absoluto lujo para aquellos fanáticos de las historias distópicas. Para mí, en cambio, esta combinación de ingredientes convertían a Mad Max: Furia en la carretera en uno de esos blockbusters que acabaría viendo por presión social, pero que me despertaba escasa o nula emoción. Para colmo, era la cuarta parte de una saga de la que jamás había oído hablar.

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Lo mejor de los prejuicios, sin embargo, es que muchas veces son erróneos. Sucede con las películas igual que con las personas: nos equivocamos a la hora de juzgarlas, y nos llevamos una grata sorpresa al descubrir lo que realmente son. La sorpresa en el caso de Mad Max es desde luego inesperada. Y no es que no tenga coches, persecuciones, velocidad, armas, tiros y explosiones; pues de hecho hay para dar y regalar. Lo que consigue es más difícil: sin renunciar a su esencia, conjuga todos esos elementos para construir una trepidante road-movie postapocalíptica que es entretenimiento puro para el espectador. Dos horas de metraje que parecen dos minutos, sin un solo bajón de ritmo que te haga mirar el reloj. Cuando te quieres dar cuenta, tus prejuicios han saltado por los aires y el desenfreno de la propuesta te ha absorbido por completo.

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Ahora bien, reconociendo su gran sentido narrativo, ¿no es Mad Max una película algo vacía en cuanto a contenido? Es cierto que, aunque parezca inesperado, aborda cuestiones de género (han llegado a considerarla una cinta pro-feminista), y que a la hora de crear su universo acude a una serie de símbolos de la cultura popular (las vírgenes, el agua, el color blanco) que enriquecen notablemente su mensaje. No es que no haya inteligencia en su propuesta, que la hay, pero se echa en falta que detrás de toda la pirotecnia y el desenfreno pudiese construir un discurso más sólido. De todas formas, si somos consecuentes, no está en las pretensiones de la cinta el trascender más allá de la pura diversión. Mad Max, aunque para algún espectador resulte insuficiente, es exactamente lo que aspira a ser: un festín de acción, exceso y velocidad que consigue atrapar al espectador y regalarle el mejor blockbuster de lo que llevamos de año.

Nota:
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