Críticas/Estrenos

Crítica, ‘Aguas tranquilas’

Aguas_tranquilas-931924787-largeDirección: Naomi Kawase
Guión: Naomi Kawase
Reparto: Nijiro Murakami, Jun Yoshinaga, Makiko Watanabe, Hideo Sakaki, Tetta Sugimoto
País:  Japón
Año: 2014
Duración: 110 minutos

Sinopsis: En la isla japonesa de Amami-Oshima, el vínculo de sus habitantes con la naturaleza sigue siendo muy profundo. En este contexto, asistiremos a la historia de Kaito y Kyoko, dos jóvenes que tendrán que hacer frente (juntos) a lo que la vida les tiene reservados.

Cuando hace poco más de un mes escribía mi presentación del blog, expresaba mi deseo de dar «una visión del cine abierto a nuevas latitudes», que permitiera «descubrir a los posibles lectores que hay vida más allá de los Estados Unidos». Arriesgada declaración de intenciones. Confieso ahora que, más que por otra cosa, incluí estas palabras (aun a riesgo de sonar pedante) con el principal objetivo de dar visibilidad a una de mis mayores debilidades: el cine oriental, un ámbito fascinante dentro de la cinematografía mundial que tiende a ser (por desgracia) infravalorado o desconocido para la mayor parte del público occidental.

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La lista de virtudes y cualidades de este tipo de cine sería extensísima (será objeto, seguro, de un futuro post o ciclo), pero nos desviaría del verdadero fin de esta crítica: dar una opinión sobre Aguas tranquilas (Still the Water), el último largometraje de la cineasta japonesa Naomi Kawase. Presentada en el pasado Festival de Cannes hace casi un año, la cinta fue acogida con general entusiasmo entre la crítica, lo que no se tradujo sin embargo en un reconocimiento por parte del jurado de la Sección Oficial. Sin premio, pero con el sello del certamen galo, la cinta aterriza de forma muy discreta (tan solo 7 salas el primer fin de semana) en la cartelera española este fin de semana. Y siete salas son pocas para una propuesta tan sugerente como esta.

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Aguas tranquilas es un relato atemporal de la adolescencia entendida como descubrimiento de las distintas facetas de la vida. La familia, la amistad, el amor y la muerte (ahí es nada) se dan cita en una misma obra, intimista y envolvente, que es capaz de conjugar la universalidad del tema con un tratamiento absolutamente personal del mismo por parte de la directora. Se vale para ello de un estilo muy personal, con un ritmo pausado y un lirismo tal que el acto de ver la película se convierte más que nunca en una verdadera experiencia sensorial. Kawase rebosa sensibilidad a la hora de conectar las experiencias humanas con los elementos de la naturaleza, y a través de este vínculo nos sumerge en las profundidades del alma de sus personajes. Nos entrega, una vez más, un extraordinario film que la reafirma como una de las grandes cineastas orientales en la actualidad.

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Nota:
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