Ciclos/Filmografías

Filmografías: Wes Anderson

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2014 ha sido, sin discusión, el año de la consagración definitiva de Wes Anderson. El éxito en taquilla y premios de su último largometraje, El gran hotel Budapest, ha conllevado para buena parte del público, al menos en España, el descubrimiento de la genialidad del director texano. Para muchos, la rocambolesca historia de Monsieur Gustave ha sido la primera toma de contacto con su peculiar y original universo. Y por ello, la recepción positiva que ha generado el film ha ido acompañada en ocasiones de cierta sorpresa ante un talentoso cineasta que parece haber surgido de la nada.

Esta sensación generalizada entre el público está muy lejos de corresponderse con la realidad. Con casi veinte años de carrera y ocho largometrajes a sus espaldas, Wes Anderson no es un talento en ascenso, sino uno de los grandes directores del cine americano actual. Más allá de premios y reconocimientos, el cineasta ha sabido desarrollar, a través de unas constantes estéticas muy definidas, un estilo propio y reconocible que no ha modificado en aras de resultar más accesible. Incorruptible y fiel a su personalidad artística, el éxito lo ha venido (finalmente) a buscar.

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Cada una de sus cintas, como hemos dicho, es instantáneamente identificable como obra suya, algo que está al alcance de muy pocos. ¿Cuáles son las claves de este éxito? ¿Qué es lo que nos gusta de Wes Anderson? Su brillantez visual, desde luego, deslumbra desde el primer momento. El cine es ante todo imagen, y en este terreno el director posee un don indiscutible. Sus constantes: encuadres cuidados al milímetro, simetrías, travellings laterales y escenas a cámara lenta que inundan la estética de cada una de sus películas, junto a diseños de producción y vestuario que convierten los escenarios de cada film en verdaderos universos. La perfección técnica, sin embargo, nunca es suficiente para lograr obras de calidad. Más allá de su capacidad visual, la fortaleza de Anderson (y este es el quid de la cuestión) está en el amor que siente por todos sus personajes, y que es capaz de trasladar al espectador. La ternura y el cariño inundan la totalidad de su filmografía porque es imposible no querer a todos esos seres humanos que desfilan por su obra: seres heridos, tocados, perdedores en su mayoría, pero al mismo tiempo héroes de lo cotidiano que nos enseñan a convivir con la nostalgia y a vivir a pesar de todo.

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La brillantez visual y la riqueza de sus personajes no serían nada sin una tercera pieza del puzzle: el humor, o más bien, la conjunción del humor y el drama. El sentido del humor, basado en la excentricidad y el absurdo de las situaciones, es inherente al estilo de Anderson. Y sin embargo, todos sus films abordan temas trascendentes para el ser humano: la muerte, la familia, el divorcio, el amor o el paso del tiempo. No descubro nada al decir que la gran comedia (ya desde la literatura) es la capaz de hacer reír y pensar al mismo tiempo. En este sentido, el director texano se confirma como uno de los grandes directores de comedia en la actualidad. Una comedia tan hilarante en algunos momentos como nostálgica y triste en otros, pero que encuentra su equilibrio precisamente en la humanidad de sus personajes de la que hablábamos.

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Dadas todas estas virtudes del cine de Wes Anderson, el objetivo es realizar desde aquí un breve repaso a las obras que componen su filmografía (ordenadas por preferencia propia), para que todos aquellos que acaben de descubrirlo puedan sumergirse en su trayectoria de una manera más profunda. Que este pequeño homenaje en Pequeño hablador de cine sirva, de algún modo, para dar a conocer el talento de uno de nuestros directores favoritos.

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8. Life Aquatic (2004)
Última posición para la aventura submarina liderada por Bill Burray y Cate Blanchett. El director se sumerge en la profundidad del océano para narrarnos la búsqueda de un mítico tiburón blanco a cargo del capitán Steve Zissou. ¿Es una mala película? No, en absoluto: es ambiciosa en su narración, divertida en muchos momentos y cuenta con un cast de alto nivel. Sin embargo, Anderson no consigue esta vez emocionarnos. Su resultado, pese a las buenas intenciones, está más cercano a la extravagancia divertida y olvidable que a la ternura que rezuman el resto de sus películas. Pequeño (y único) tropiezo en la trayectoria del cineasta texano.

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7. Viaje a Darjeeling (2007)
Tres hermanos (Owen Wilson, Adrien Brody y Jason Schwartzman) emprenden un viaje en tren por La India con el objetivo de estrechar sus dañados lazos familiares. Este es el punto de partida de Viaje a Darjeeling, el quinto largometraje de Wes Anderson, que supone un claro giro en su carrera hacia películas más ambiciosas. El viaje en su doble dimensión (física y espiritual) es el tema central de este relato sobre la resistencia al cambio y la aceptación del paso del tiempo. Estamos ante la comedia más amarga de cuantas ha rodado, quizás algo dispersa y deshilvanada por momentos, pero igualmente emotiva y disfrutable.

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6. Fantástico Sr. Fox (2009)
La única adaptación que Anderson ha realizado hasta la fecha no podía ser más acertada. Para los que crecimos con las novelas infantiles de Roald Dahl, es un placer encontrar la frescura y la originalidad de la obra original (en español, El Superzorro) en su transformación al cine. La incursión del director en el mundo de la animación brilla tanto por el material narrativo con el que trabaja, como por la sofisticación estética que logra (sorprendentemente similar a la de sus películas no-animadas). Con un cast (de voces, claro está) liderado por Meryl Streep, George Clooney y Bill Murray, poco más se puede pedir. La película perfecta para disfrutar del universo Anderson en familia.

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5. Bottle Rocket (1996)
Alabada por el mismísimo Scorsese, la ópera prima de Wes Anderson suele defraudar a ninguno de sus seguidores. Resulta reveladora porque muestra su evolución como cineasta: la madurez, y eso es innegable, le ha aportado solidez narrativa y una alta estilización visual, aspectos menos desarrollados en esta cinta. No osbtante, su trabajo más inexperto está envuelto de una frescura ingenua que lo hace muy especial, y lo convierte en paradigma de esa ternura Anderson tan marca de la casa. Bottle Rocket marca el inicio de un acertado camino que el cineasta va a seguir el resto de su carrera: humanizar a sus personajes desde el humor y la verdad.

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4. Academia Rushmore (1998)
¿Aparece en alguna otra cinta esa frescura ingenua de Bottle Rocket? Sí. Academia Rushmore, el segundo largometraje del director, conserva ese espíritu puro e inocente, pero supone a su vez un paso más en la trayectoria el cineasta. La historia no deja de ser convencional: un estudiante de una elitista escuela que se enamora de su encantadora profesora. Pero lejos de quedarse en el plano más superficial y tópico, Anderson despliega su mejor sentido del humor y compone un retrato de la adolescencia tan original como sincero. Además, Bill Murray, incondicional en (casi) todas sus películas, ofrece aquí uno de los papeles de su carrera, por el que fue nominado al Globo de Oro.

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3. Moonrise Kingdom (2012)
La medalla de bronce va para esta entrañable historia de amor entre dos jóvenes, Sam y Suzy, que huyen de sus familias para poder estar juntos. Presentada como película inaugural en el Festival de Cannes, este Romeo y Julieta infantil y extravagante encandiló a la mayor parte de la crítica y cosechó notables resultados en taquilla a nivel mundial. Para un servidor, fue además la puerta de entrada al universo Anderson, el descubrimiento de una forma de hacer comedia totalmente distinta a lo que estaba acostumbrado a ver. Entre tiendas de campaña y boy scouts,  el cineasta nos regaló una de las mejores películas de su carrera.

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2. El gran hotel Budapest (2014)
Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín, Globo de Oro a la mejor película de comedia y cuatro Oscars (entre otros reconocimientos) dan prueba de la consagración definitiva de Wes Anderson en el panorama fílmico. No es casualidad que le llegue con la que es su obra más sólida, redonda y ambiciosa de cuantas ha rodado.  El gran hotel Budapest es divertida, original e hipnótica. Conjuga la brillantez narrativa con la perfección visual, y rezuma ternura y nostalgia en cada uno de sus personajes. Monsieur Gustave y Zero se incrustan en la memoria (y en el corazón) del espectador desde el primer momento, y forma ya parte de la historia del cine reciente.

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1. Los Tenenbaums. Una familia de genios (2001)
No es su obra más sólida, ni siquiera la más impactante visualmente, y sin embargo algo la hace irresistible y la lleva al primer puesto de esta lista. The Royal Tenenbaums (omito utilizar ni comentar el despropósito de su título en español) es la mejor película de Wes Anderson por muchos motivos, pero sobre todo por uno: más que nunca, la cercanía y veracidad de sus personajes dejan huella en el espectador. Más allá de la aparente extravagancia que su humor despierta, todos y cada uno de nosotros somos un poquito Tenenbaum, y las desventuras de esta disfuncional familia tienen un poco de nuestras propias experiencias. La esencia de Wes Anderson es precisamente esa, y aquí se hace más evidente que nunca.

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¿Ganas de más? Para terminar, dos videoensayos que reflejan a la perfección la estética del amigo Wes:

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