Críticas/Estrenos

Crítica, ‘Puro vicio’

Puro_vicio-719181725-largeDirección: Paul Thomas Anderson
Guión: Paul Thomas Anderson (Novela: Thomas Pynchon)
Reparto: Joaquin Phoenix, Josh Brolin, Katherine Waterston, Owen Wilson, Reese Witherspoon, Benicio del Toro, Joanna Newsom.
País:  Estados Unidos
Año: 2014
Duración: 148 minutos

Sinopsis: Doc Sportello es un detective privado inmerso en el Los Ángeles de los años 70, donde el movimiento hippie y la drogadicción están a la orden del día. La sorprendente visita de su exnovia le sumergirá en una red de intrigas y problemas, en los que se va a ver envuelto de forma irreversible.

Paul Thomas Anderson es de uno de los grandes creadores estadounidenses del siglo XXI, y esto es algo que todo cinéfilo que se precie está dispuesto a aceptar. Hablar del director de Boogie Nights, Magnolia y Pozos de Ambición (entre otras) es hacerlo de uno de los cineastas más lúcidos y certeros a la hora de retratar la intrahistoria del pueblo americano, brillante en su dominio del lenguaje cinematográfico. Lo malo de ser tan bueno es que las expectativas hacia sus nuevas películas se vuelven cada vez más altas. Y a medida que la expectación aumenta, paradójicamente, el director nos entrega largometrajes cada vez más oscuros, crípticos y complejos. No seré yo el que se atreva a denostar una figura de la talla de PTA, pero Puro vicio supone un paso atrás en su carrera, un cambio de dirección, una apuesta por la abstracción que no deja de desconcertar a sus seguidores.

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El ascenso de un magnate del petróleo a principios del s. XX (Pozos de ambición, 2007) y la crisis de un excombatiente tras la II Guerra Mundial (The master, 2012) dejan paso esta vez a la peculiar historia de un detective privado en plenos años 70. Las piezas que componen el relato, al menos por separado, resultan acertadas: la ambientación de la época, las peripecias del personaje, el potencial visual de las imágenes y el gran nivel de todos sus actores, con Joaquin Phoenix a la cabeza demostrando su carisma, versatilidad y brillantez (que le den ya un Óscar a este hombre). Con todas sus armas dispuestas para el triunfo, la narración en sí misma resulta si no fallida, bastante discutible. El que siempre ha supuesto el rasgo más efectivo del cine de PTA, su pulso para contar historias, se retuerce en esta ocasión de una forma tan compleja que resulta inclasificable. Una opción muy arriesgada, quizás influida por la estructura de la novela que adapta, que para algunos puede resultar fascinante, pero que en mi caso me produce una falta de interés por buena parte (aunque no todo) de lo que se me cuenta.

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De cualquier forma, el film entra dentro de ese grupo de películas que tardan más de un día (y más de dos) en ser digeridas. Obras que es mejor no condenar antes de tiempo, en las que un segundo visionado puede cambiar por completo la percepción que de ellas se tenía. Estas obras están solo al alcance de los grandes creadores de la historia del cine. Y Paul Thomas Anderson, como decíamos al inicio, es uno de ellos. Así que cautela. El tiempo y la reflexión pondrán Puro vicio en el lugar que merezca.

Nota:
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